sábado, 1 de octubre de 2011

El SECRETO de la habitación 304.




Es clave fundamental en nuestra mirada enfermera tener bien graduadas las gafas para no desenfocar.


Don Jose tiene mal carácter, es desagradable, grosero, irritante, lleva mucho tiempo en la planta con nosotras, demasiados meses, pero ¡no se acostrumbra a las normas!, protesta por todo, nada le viene bien y nada se hace a su agrado.

La verdad es que ha tenido mala suerte, no han salido bien las cosas y todo se ha complicado, aquí sigue, solo, casi nadie viene a verlo. Se han hecho muchas cosas por él, incluso una ONG viene algunos días a visitarlo y a sacarlo de paseo a la puerta del Hospital y vuelta a la habitación, sólo, primero porque había orden médica y ahora nadie lo sabe, supongo que porque es insufrible. A todas nos trata mal, es insoportable y estamos muy cansadas, ¡¡¡le vamos a poner una reclamación como él nos pone a nosotras todas las semanas!!!.

Una mañana a la hora del desayuno llegó al estar de enfermería una noticia sobre don José, corrió como la pólvora, nos quedamos mudas, sin palabras, nos miramos en silencio, cerramos los ojos, nos llevamos las manos a la cabeza ¡¡¡cómo hubieran cambiado nuestras ACTITUDES si hubieramos sabido lo que sabíamos ahora!!!

Cambiaron nuestras formas en la habitacion 304, pequeñas cosas, llamábamos a la puerta, saludábamos al entrar, sonreíamos, le visitábamos a menudo aunque no llamara al timbre... Don José siguió con su mal carácter, sin visitas, pero... algo cambió en nosotras y poco a poco en él.

Aún sigue con nosotras.

Entenderéis que no puedo desvelar el SECRETO de don José (que seguro reconocéis cercano) pero os contaré otra historia del libro "Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva" de Stephen R. Covey para que entendáis porque tenemos que cambiarnos las GAFAS para que nuestra MIRADA ENFERMERA no desenfoque.




Era domingo por la mañana en el metro de Nueva York. La gente estaba tranquilamente sentada, leyendo el periódico, perdida en sus pensamientos o descansando con los ojos cerrados. La escena era tranquila y pacífica.

Entonces, de pronto, entraron en el vagón un hombre y sus hijos. Los niños eran tan alborotadores e ingobernables que de inmediato se modificó todo el clima.

El hombre se sentó junto a mí y cerró los ojos, en apariencia ignorando y abstrayéndose de la situación. Los niños vociferaban de aquí para allá, arrojando objetos, incluso arrebatando los periódicos de la gente. Era muy molesto. Pero el hombre sentado junto a mí no hacía nada.

Resultaba difícil no sentirse irritado. Yo no podía creer que fuera tan insensible como para permitir que los chicos corrieran salvajemente, sin impedirlo ni asumir ninguna responsabilidad. Se veía que las otras personas que estaban allí se sentían igualmente irritadas. De modo que, finalmente, con lo que me parecía una paciencia y contención inusuales, me volví hacia él y le dije: «Señor, sus hijos están molestando a muchas personas. ¿No puede controlarlos un poco más?».

El hombre alzó los ojos como si sólo entonces hubiera tomado conciencia de la situación, y dijo con suavidad: «Oh, tiene razón. Supongo que yo tendría que hacer algo. Volvemos del hospital donde su madre ha muerto hace más o menos una hora. No sé qué pensar, y supongo que tampoco ellos saben cómo reaccionar».

¿Puede el lector imaginar lo que sentí en ese momento? Mi paradigma cambió. De pronto vi las cosas de otro modo, y como las veía de otro modo, pensé de otra manera, sentí de otra manera, me comporté de otra manera. Mi irritación se desvaneció. Era innecesario que me preocupara por controlar mi actitud o mi conducta; mi corazón se había visto invadido por el dolor de aquel hombre.

Libremente fluían sentimientos de simpatía y compasión. «¿Su esposa acaba de morir? Lo siento mucho... ¿Cómo ha sido? ¿Puedo hacer algo?»

Todo cambió en un instante.

12 comentarios:

  1. Magnifica lección....Rosa, en una profesión como la nuestra no podemos permitirnos el lujo de no ponerle empatía a los actos, debemos de intentar comprender y adaptar nuestras actitudes a la realidad que nos rodea.

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  2. Gracias Carlos, he utilizado el recurso del Cuento para ser mas cercana en la reflexión.
    Empatía y actitud ;)

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  3. Hace años, tenía una enferma que venía con frecuencia a la consulta. Me resultaba antipática por sus quejas sempiternas. Sin embargo, un día me crucé con ella por la calle. Era una señora mayor y venía cargada con varias bolsas de la compra. Se notaba que las bolsas pesaban y se intuía que no había nadie que la ayudara. Recuerdo todavía su cara en aquel momento, una cara de sufrimiento, de cansancio, de apatía, de desesperanza. Las siguientes veces que acudió a la consulta, cuando me iba a invadir la antipatía, recordaba aquella cara y trataba de ser tolerante. Luego se fue a otro pueblo y le perdí la pista. Supongo que ya habrá muerto.
    Es cierto, Rosa, las gafas hay que tenerlas limpias. Normalmente, la vida nos da ocasión de ver más, si sabemos aprovechar la coyuntura.
    Un beso.

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  4. Gracias Manuel por tu comentario, es DIFÍCIL ponernos en la piel de nuestros pacientes, compañeros, cuidadoras, acompañantes..., pero es FÁCIL, justo y necesario hacer un poco mas agradable el día a día a todos ellos y a nosotros mismos ;)

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  5. Bonito cuento,limpiaremos las gafas por la mañana justo al levantarnos de la cama. Buena lección.

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  6. Gran historia Rosa. Y como dice Carlos, gran lección.

    Intentemos no desenfocar, no sólo en nuestro trabajo, en nuestro día a día. Nadie sabe las cosas que guarda cada uno en su interior (o las pesadas cargas que lleva sobre sus hombros) para emitir juicios de valor.

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  7. Emotiva reflexión, Rosa. Siempre sabes expresar con tu palabra el sentir y el pensar de las enfermeras que tratamos de ver más allá de "un hueso fracturado". Nos animas a seguir "cuidando", con todo lo que conlleva la dimensión de la palabra y a pesar de las dificultades. No olvidaremos limpiarnos las gafas.

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  8. Sí, los prejuicios, las ideas preconcebidas y la falta de empatía con los pacientes que no terminan de caernos bien -porque somos humanos, oyes- muchas veces nos hacen que se nos amargue la vida cuando entramos en esa "habitación 304". Pero nuestros cuidados deben ser equitativos y accesibles para todos... aunque nunca lleguemos conocer ninguna noticia que nos haga ver a ese paciente con un prisma distinto. Porque muchos, con su mal humor y sus malas maneras, no siempre tienen una historia detrás... simplemente son así.
    Bella historia, Rosa y bellamente contada.
    Besos miles

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  9. Gracias Oli, Pilar, Mati y Lola.
    Gracias por escribir y estar cuidadando mas allá del hueso roto, de la técnica, necesaria, pero mas allá, con la gafas puestas y limpias desde primera hora, si.
    Es por ellos, los que tienen secreto y cargas y los que no, es por nosotros, por ser sensibles al Cuidado.
    un beso rosa

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  10. queridas amiga tu sabrás que casi siempre yo suelo mirar con las gafas bastantes limpias y actuar desde el lema que yo entiendo por calidad y para eso me pongo en el lugar del otro y hago las cosas como me gustaría que me las hicieran a mí. Mi felicitación Rosa por tu post

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  11. gracias Lola, tus pacientes te darán las gracias por esa empatía que llevas encima de tu cuardeno ;)

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